sábado, 4 de julio de 2015

Los Vagabundos del Dharma | Jack Kerouac

“Los bosques producen eso, siempre parecen familiares, perdidos hace tiempo, como el rostro de un pariente muerto hace mucho, como un viejo sueño, como un fragmento de una canción olvidada que se desliza por encima del agua, y más que nada como la dorada eternidad de la infancia pasada o de la madurez pasada con todo el vivir y el morir y la tristeza de hace un millón de años, y las nubes que pasan por arriba parecen testificar (con su solitaria familiaridad) este sentimiento, casi un éxtasis, un destello de recuerdos súbitos, y sintiéndome sudoroso y soñoliento me decía que sería muy agradable dormir y soñar en la hierba.” (62)

Reseña Literaria.


“ –Dame otro trago de la garrafa. ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! –Japhy se pone de pie de un salto–. He estado leyendo a Whitman, oíd lo que dice: Alzaos, esclavos, y haced temblar al déspota extranjero. Señala así la actitud del Bardo, del Bardo lunático zen de los viejos senderos del desierto que ve que el mundo entero es una cosa llena de gente que anda de un lado para otro cargada con mochilas, Vagabundos del Dharma negándose a seguir la demanda general de la producción de que consuman, y por tanto, de que trabajen para tener el privilegio de consumir toda esa mierda que en realidad no necesitan, como refrigeradores, aparatos de televisión, coches, coches nuevos y llamativos, brillantina para el pelo de una determinada marca y desodorantes y porquería en general que siempre termina en el cubo de la basura una semana después; todos ellos presos en un sistema de trabajo, producción, consumo, trabajo, producción, consumo… Tengo la visión de una gran revolución de mochilas, de miles y hasta de millones de jóvenes norteamericanos con mochilas y subiendo a las montañas a rezar, haciendo que los niños rían y se alegren los ancianos, haciendo que las chicas sean felices y también las señoras mayores, que serán más felices todavía, todos ellos lunáticos sen que andan escribiendo poemas que surgen de sus cabezas sin motivo y siendo amables y realizando actos extraños que proporcionan visiones de libertad eterna a todo el mundo y a todas las criaturas vivas” (95-96)

“<<Aquí, esto, es Eso. El mundo, tal cual es, es el Cielo, y ando buscando un Cielo fuera de lo que hay, y sólo este mundo mezquino es el Cielo. ¡Ah, si pudiera comprender! ¡Si consiguiera olvidarme de mí mismo y encaminar mis meditaciones a la liberación, al despertar y a la bendición de todas las criaturas vivas, me daría cuenta de que lo que hay en todas partes es éxtasis>>” (137-8)

“ – ¿Qué significa que esos árboles y montañas de ahí afuera no sean mágicos sino reales?
– ¿Cómo? –decían.
– Significa que esos árboles y montañas de ahí afuera no son mágicos sino reales.
– ¿De verdad?
– ¿Qué significa que esos árboles y montañas de ahí afuera no sean en absoluto reales, sino mágicos? –seguía yo.
– Bueno, venga ya…
– Significa que esos árboles y montañas no son en absoluto reales, sino mágicos.
– Bueno, ¿y qué pasa con eso? ¡Maldita sea!
– Pasa que vosotros preguntáis ¿y qué pasa con eso? ¡Maldita sea! –grité.
– ¿Y qué?
– Significa que preguntáis ¿y qué pasa con eso? ¡Maldita sea!
– Vamos, tío, ¿por qué no metes la cabeza en el saco de dormir y me traes café?
Siempre estaba preparando café en el fogón” (177)

“Al día siguiente quise hacerle un regalo de despedida, pero como no tenía mucho dinero ni ideas al respecto, cogí un trozo de papel no mayor que una uña y escribí cuidadosamente en él: ¡Ojalá utilices el cortador de diamante de la misericordia! Y cuando dije adiós a Japhy en el puerto se lo entregué. Lo leyó, se lo metió en el bolsillo y no dijo nada” (207)

“De repente me sentí tan libre que comencé a caminar por el lado equivocado de la carretera y hacía señales con el dedo andando como un santo chino que no va a ninguna parte mientras me dirigía al monte de mi alegría. ¡Pobre mundo angelical! De pronto, todo dejó de importarme. Iba a caminar sin detenerme. Pero precisamente porque iba bailando por el lado erróneo de la carretera y no me importaba, todo el mundo empezó a cogerme.” (210)

“¿Somos ángeles caídos que nos negamos a creer que nada es nada y, por tanto, nacemos para perder a los que amamos y a nuestros amigos más queridos uno a uno, y después nuestra propia vida, para probarnos?... Pero volvía la fría mañana con nubes que surgía de la Garganta del Rayo como humo gigantesco, con el lago abajo siempre cerúleo y neutro, y con el vacío espacio igual que siempre. ¡Oh, rechinantes dientes de la tierra! ¿Adónde lleva todo esto si no es una dulce y dorada eternidad para demostrar que todo está equivocado, para demostrar que la propia demostración carece de sentido…?” (231)

“¡Oh, Ray, el transcurso de tu vida es como una gota de lluvia dentro del océano ilimitado que es el despertar eterno! ¿Por qué seguir preocupado? Escribe a Japhy y cuéntaselo todo.” (233)